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jueves, 21 de noviembre de 2013
Messi y Biotecnología en Hormonas de Crecimiento
Clembuterol, otro caso de transgénicos ...
Clembuterol; qué es, cómo funciona y por qué es tan polémico
Algunos atletas que han resultado como positivo en dopaje por esta sustancia alegan que la consumieron en carne contaminada
¿Qué es el clembuterol?
El clembuterol es un anabólico (sustancia que imita a la testosterona), es decir, que promueve el crecimiento muscular e inhibe la acumulación de grasa en el cuerpo.
El clembuterol es una sustancia de la que suelen abusar los atletas y los físico-culturistas, pues tiene la capacidad de reducir la grasa corporal y de aumentar la masa del músculo óseo, según la Dirección de Cumplimiento de Leyes de las Drogas estadounidense (DEA). Su uso está prohibido para los atletas por la Agencia Mundial Antidopaje (AMA).
La sustancia también está prohibida para la industria cárnica en México, Estados Unidos y Europa, por sus efectos negativos en la salud humana, pero también es utilizada legalmente como broncodilatador en tratamientos contra el asma.
Dónde se encuentra el clembuterol en México
A pesar de que la Secretaría de Salud afirmó que el consumo de la carne en México es seguro, sí es posible que la carne que se expende en los rastros del país esté contaminada por clembuterol, dijo en 2011 el extitular de la dependencia, José Ángel Córdova.
De acuerdo con la Secretaría de Salud, las intoxicaciones se asocian principalmente al consumo de hígado de res y pueden producir palpitaciones, nerviosismo, temblores, temblores involuntarios de los dedos, dolor de cabeza, aumento de la transpiración, insomnio, posibles espasmos musculares y aumento de la presión sanguínea y náuseas.
El malestar por intoxicación con clembuterol suele ocurrir horas después de ingerir los productos que contienen restos de la sustancia, y desaparecer entre dos y seis días después. Incluye síntomas como: aceleración del ritmo cardíaco, nerviosismo, dolores de cabeza y temblores musculares, de acuerdo con la Secretaría de Salud.
De acuerdo con médicos especialistas consultados por CNN, sí es posible presentar rastros de clembuterol luego de consumir carne contaminada con esta sustancia, y otros atletas ya han utilizado esta defensa.
"La noción de que está demostrado que aumenta la masa muscular del ganado abre la posibilidad de que la carne contenga clembuterol. Yo no lo descartaría", dijo el profesor de Políticas de la Salud y Ciencias del Deporte de la Universidad del Estado de Pensilvania, Charles E. Yesails.
Otros caso de contaminación con clembuterol por comer carne
Cuando el ciclista Alberto Contador dio positivo por clembuterol en una prueba anti doping, la Federación de Ciclismo española rescindió la decisión de vetarlo durante un año, aceptando su explicación de que resultó contaminado por el consumo de carne, aunque no hay forma de comprobar la forma en la cual el clembuterol fue ingerido.
Sin embargo, la AMA apeló la decisión del órgano español ante la Corte de Arbitraje Deportivo.
“Siempre existe la posibilidad de un resultado falso”, dijo el doctor Douglas McKeag, director del Centro de Medicina del Deporte de la Universidad de Indiana y miembro de la Escuela Estadounidense de Medicina del Deporte, respecto al caso de Contador. “(Sin embargo) me sorprendería mucho que fuera el caso”.
El clembuterol en México frente a otros países
En 2011, la Asociación Nacional Antidopaje alemana advirtió a los deportistas de su país que consumir carne contaminada con esteroides en México podría causarles problemas en las pruebas clínicas y les recomendó ser muy cuidadosos en sus viajes a este país.
Esa carne en México contiene una mayor concentración de clembuterol que en China, indicó la asociación, luego de que dos viajeros dieron positivo al regresar de este país a Alemania.
Mentiras y verdades sobre el maíz transgénico
En esta sección rebatimos una por una las mentiras que las corporaciones agrobiotecnológicas esparcen por todo el mundo para justificar la siembra y consumo de maíces transgénicos...
¡No te dejes engañar!
Mito: Es seguro para el medio ambiente.
Realidad: Gran parte del maíz transgénico es del tipo Bt que fue manipulado para producir un insecticida que ataca al gusano barrenador europeo, pero también perjudica a otros insectos que ayudan a controlar plagas, entre ellos la mariposa monarca. Esta toxina se acumula en los suelos de cultivo y por lo mismo podría afectar su fertilidad a largo plazo.
Mito: Es seguro para la alimentación humana.
Realidad: La industria biotecnológica se ha negado a hacer pública la información vital que demuestra los problemas para la salud humana por el consumo de alimentos transgénicos. Científicos han revelado que Monsanto omitió reportar efectos negativos serios, como los signos de toxicidad en los órganos internos de las ratas.
Mito: Se necesita para combatir al cambio climático.
Realidad: Estudios independientes confirman que el etanol de maíz es no sustentable como método de bioenergía. El uso de maíz para este uso eleva los precios de los alimentos y amenaza la seguridad alimentaria. La reducción de CO2 es mínima debido a la energía que se usa para fabricarlo.
Mito: Brinda beneficios económicos
Realidad:Por el contrario,compañías como Monsanto ofrecen préstamos a campesinos pobres para que compren sus caras semillas transgénicas. Al final los campesinos terminan con deudas y se ven forzados a adquirir más préstamos. Ya sea por comprar semillas o por contaminación "accidental" cientos de productores estadounidenses se han visto forzados a pagar millones de dólares. Y dado que las semillas transgénica no tienen los altos rendimientos que prometían, lo único que hacen es enganchar a los productores a paquetes tecnológicos más caros y dañinos para la biodiversidad.
Mito: Ayudará a reducir el hambre
Realidad: El hambre es un problema de distribución y de falta de recursos. Son demasiadas las personas que no pueden tener acceso a los alimentos básicos, no porque haya escasez de éstos, sino porque no tienen suficientes ingresos para ello. Las semillas transgénicas no están diseñadas para resolver el hambre del mundo sino para producir ganancias para las corporaciones.
Mito: Es posible la coexistencia entre cultivos transgénicos y convencionales
Realidad: Los cultivos transgénicos contaminan los cultivos convencionales, los orgánicos, los alimentos y la miel. Cuando se cultivan fuera del laboratorio es imposible parar el curso normal de la naturaleza: de los insectos, de la polinización o las corrientes de aire. Por ello la contaminación se expande de manera natural e inevitable. Si el maíz transgénico contamina las plantas nativas de maíz, estamos en peligro de perder estas plantas madre que son el origen de todas las variedades de este grano, lo que sería un desastre mayúsculo.
Mito: Es imposible detener la tecnología transgénica
Realidad: Hasta ahora la mayoría de los transgénicos se cultivan sólo en cuatro países: Estados Unidos, Argentina, Canadá y Brasil. Otros países se han opuesto a su cultivo. A más de una década de sus inicios, la industria biotecnológica no ha logrado imponerse, debido a todos los riesgos ambientales, económicos y de salud que conlleva y a que no resuelve ningún problema del campo. En México, a pesar de que en 2009 se aprobaron las siembras experimentales de maíz transgénico, el rechazo a esta tecnología entre campesinos, consumidores y científicos independientes es creciente.
¡No te dejes engañar!
Mito: Es seguro para el medio ambiente.
Realidad: Gran parte del maíz transgénico es del tipo Bt que fue manipulado para producir un insecticida que ataca al gusano barrenador europeo, pero también perjudica a otros insectos que ayudan a controlar plagas, entre ellos la mariposa monarca. Esta toxina se acumula en los suelos de cultivo y por lo mismo podría afectar su fertilidad a largo plazo.
Mito: Es seguro para la alimentación humana.
Realidad: La industria biotecnológica se ha negado a hacer pública la información vital que demuestra los problemas para la salud humana por el consumo de alimentos transgénicos. Científicos han revelado que Monsanto omitió reportar efectos negativos serios, como los signos de toxicidad en los órganos internos de las ratas.
Mito: Se necesita para combatir al cambio climático.
Realidad: Estudios independientes confirman que el etanol de maíz es no sustentable como método de bioenergía. El uso de maíz para este uso eleva los precios de los alimentos y amenaza la seguridad alimentaria. La reducción de CO2 es mínima debido a la energía que se usa para fabricarlo.
Mito: Brinda beneficios económicos
Realidad:Por el contrario,compañías como Monsanto ofrecen préstamos a campesinos pobres para que compren sus caras semillas transgénicas. Al final los campesinos terminan con deudas y se ven forzados a adquirir más préstamos. Ya sea por comprar semillas o por contaminación "accidental" cientos de productores estadounidenses se han visto forzados a pagar millones de dólares. Y dado que las semillas transgénica no tienen los altos rendimientos que prometían, lo único que hacen es enganchar a los productores a paquetes tecnológicos más caros y dañinos para la biodiversidad.
Mito: Ayudará a reducir el hambre
Realidad: El hambre es un problema de distribución y de falta de recursos. Son demasiadas las personas que no pueden tener acceso a los alimentos básicos, no porque haya escasez de éstos, sino porque no tienen suficientes ingresos para ello. Las semillas transgénicas no están diseñadas para resolver el hambre del mundo sino para producir ganancias para las corporaciones.
Mito: Es posible la coexistencia entre cultivos transgénicos y convencionales
Realidad: Los cultivos transgénicos contaminan los cultivos convencionales, los orgánicos, los alimentos y la miel. Cuando se cultivan fuera del laboratorio es imposible parar el curso normal de la naturaleza: de los insectos, de la polinización o las corrientes de aire. Por ello la contaminación se expande de manera natural e inevitable. Si el maíz transgénico contamina las plantas nativas de maíz, estamos en peligro de perder estas plantas madre que son el origen de todas las variedades de este grano, lo que sería un desastre mayúsculo.
Mito: Es imposible detener la tecnología transgénica
Realidad: Hasta ahora la mayoría de los transgénicos se cultivan sólo en cuatro países: Estados Unidos, Argentina, Canadá y Brasil. Otros países se han opuesto a su cultivo. A más de una década de sus inicios, la industria biotecnológica no ha logrado imponerse, debido a todos los riesgos ambientales, económicos y de salud que conlleva y a que no resuelve ningún problema del campo. En México, a pesar de que en 2009 se aprobaron las siembras experimentales de maíz transgénico, el rechazo a esta tecnología entre campesinos, consumidores y científicos independientes es creciente.
Manifiesto del Maíz: No al Maíz transgénico
Al pueblo de México:
Hemos analizado la experiencia de casi dos décadas de cultivos de maíz transgénico en otros países y no hay ni una sola razón tecnológica, económica ni ética en beneficio de la población mexicana y la mayoría de los productores del campo, que justifique la autorización de la siembra comercial de maíz transgénico, como pretenden las empresas Monsanto y Pioneer en al menos un millón de hectáreas en los estados de Sinaloa y Tamaulipas, en el norte de México. En cambio, los peligros para la salud humana, la biodiversidad, la cultura y la soberanía del país son inmensos.
Las corporaciones trasnacionales buscan desaforadamente incrementar sus ganancias mediante el saqueo de los recursos naturales y aun a costa de la salud de las personas, incurriendo no pocas veces en actos criminales y de corrupción, particularmente las empresas dedicadas a la producción e industrialización de alimentos.
Fue inaudita la vileza con que la administración federal en manos de Felipe Calderón pisoteó los intereses de los consumidores de la ciudad y del campo, de los campesinos y pequeños productores, y puso en riesgo el patrimonio agrogenético del país en complicidad con las empresas multinacionales que se han venido adueñando de la producción agroalimentaria de México.
En contra de la demanda de respetar el principio de precaución y a pesar de los llamados a proteger la biodiversidad lanzados por científicos, académicos y organizaciones sociales y civiles1, durante el sexenio que recién finalizó, el ejecutivo federal —a través de SEMARNAT y SAGARPA— permitió las primeras siembras de maíz transgénico a cielo abierto, sin importarle que México es centro de origen de este grano básico de la alimentación del país y del mundo. Sumadas las licencias para cultivo experimental de maíz transgénico (162) y las de siembra piloto, ya van 177 permisos en campo abierto.
Durante el año pasado, el gobierno federal entregó 15 autorizaciones a Monsanto y otras empresas extranjeras para realizar siembras piloto —fase posterior a la experimental y previa a la comercial— de maíz transgénico en territorio nacional, con el grave riesgo de que los transgenes contaminen a las variedades criollas y nativas de esta gramínea pues no hay barreras para el viento y los insectos que intervienen en la polinización. Además, el maíz se mezclará en el transporte y el almacenamiento y finalmente toda la cosecha estará contaminada.
El 7 de septiembre la empresa Semillas y Agroproductos Monsanto presentó al Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) las solicitudes de cultivo comercial para las variedades de maíz transgénico MON89034-3, MON88017-3 y MON-00603-6 para 700 mil hectáreas en 10 municipios de Sinaloa.
En Tamaulipas, el 20 de septiembre fueron admitidas las solicitudes de maíz transgénico de la empresa Pioneer Hi-Bred International (Du Pont), para las variedades DAS015507-2, DAS-01507-1 y MON00603-6 y MON00603-7 en 351 mil 284 hectáreas de 7 municipios.
Las solicitudes se encuentran en análisis en el Senasica pero toda la información técnica de las fases anteriores ha sido manejada como secreto corporativo, sin cotejo independiente y manteniendo en reserva la ubicación de los predios de experimentación. Monsanto presionó y cabildeó para obtener los permisos antes del cambio de administración federal pero la presión social logró impedirlo. Si el nuevo gobierno aprueba estas solicitudes, en poco tiempo ocurrirá en el mundo la primera contaminación masiva del centro de origen de un importante pilar de la alimentación planetaria, es decir, estaremos en presencia de un crimen contra la humanidad.
Tal hecho ominoso ocurriría cuando México se define por su condición de país dependiente con 45 por ciento de importación de alimentos, sobre todo de Estados Unidos; con su infraestructura agrícola devastada y el campo descapitalizado, con más de la mitad de la población total en la pobreza y con 28 millones de hambrientos, todo ello producto de políticas agropecuarias de libre mercado que benefician principalmente a una minoría de grandes productores y a las empresas trasnacionales.
Otorgar los permisos para la siembra comercial de maíz transgénico sería un atentado contra el derecho constitucional a la alimentación, reduciría todavía más las posibilidades de que la mayoría de la población pueda acceder a comida sana, suficiente y de calidad, y sería el tiro de gracia a la soberanía alimentaria de los mexicanos.
La clave para incrementar la producción del campo, reducir la pobreza y acabar con el hambre no está en los transgénicos. Se trata de una tecnología extremadamente costosa, que no incrementa los rendimientos2, causa mayor dependencia y no cuenta con ventajas para enfrentar el reto del cambio climático y sus efectos de heladas y sequías. Además de que la crisis agroalimentaria de México no es un problema tecnológico sino de modelo económico, y el hambre no es producto de la escasez sino de falta de ingresos para acceder a los alimentos.
En el país hay más de 60 razas nativas y miles de variedades de maíz que lejos de implicar riesgo alguno, portan importantes virtudes fruto de la selección y adaptación por más de siete mil años inducidas por el trabajo de los pueblos originarios. Existen incluso variedades con mayor rendimiento que las manipuladas por Monsanto. La imposición de los engendros de la trasnacional significaría el fin de esta riqueza y la pérdida de la tradición ancestral de la milpa como sistema sustentable de producción y símbolo de la herencia cultural mesoamericana.
El maíz es el principal alimento del pueblo de México, de él proviene el 39 por ciento de las proteínas y el 53 por ciento de las calorías necesarias para la vida. El consumo de maíz por habitante se encuentra entre los más altos del mundo. Los mexicanos consumimos de forma directa entre 115 y 150 kilogramos de maíz por persona al año.
El maíz que proviene de Sinaloa y Tamaulipas se distribuye entre las principales ciudades para la producción de tortillas, ya sea a partir de masa o harina de maíz. La Comisión de Cooperación Ambiental de América del Norte en su estudio sobre los efectos del maíz transgénico en México3 recomendó al gobierno mexicano realizar investigaciones específicas sobre los efectos en la salud que podría tener un consumo tan alto y cotidiano de maíz transgénico. La población mexicana tiene el derecho a no correr el riesgo. No queremos tortillas transgénicas.
No se debe desdeñar el riesgo para la salud humana reflejado en un estudio4 realizado por la Universidad de Caen, Francia, donde investigadores demostraron que mamíferos de laboratorio alimentados con las semillas de Monsanto desarrollaron tumores de varios centímetros, en lo que constituye la prueba científica más contundente de los peligros asociados a los alimentos manipulados genéticamente. La variedad de maíz transgénico usada en este experimento fue MON 603, de Monsanto, la que ahora solicitan sembrar de manera comercial en México.
Por todo ello, exigimos al gobierno mexicano la prohibición definitiva de todo tipo de cultivo de maíz transgénico en México, y por lo tanto, una respuesta negativa a las solicitudes de permisos para siembra comercial de maíz transgénico, que se revoquen los permisos de siembra experimental y piloto de maíz transgénico hasta ahora autorizadas y se declare a México país libre de maíz transgénico. Los intereses de Monsanto y demás trasnacionales no son los intereses de la nación.
Rechazamos que el estado sacrifique a la población consumidora y a los campesinos y pequeños productores para apoyar a las empresas transnacionales productoras de semillas transgénicas y agrotóxicos. Somos los campesinos y no las transnacionales quienes alimentamos a la población.
Demandamos también la cancelación de los permisos de siembra comercial de soya transgénica que atentan contra la agricultura campesina y los apicultores.
Nuestra lucha va encaminada a lograr finalmente la derogación de la Ley de Semillas y de la Ley de Bioseguridad y Organismos Genéticamente Modificados que abrieron la puerta a la invasión transgénica.
Llamamos a organizaciones, activistas, personajes de la cultura y la vida pública, así como a toda persona preocupada a sumarse a las demandas planteadas, porque sólo con la participación de la sociedad organizada podrá detenerse este atropello.
¡NO AL MAÍZ TRANSGÉNICO EN MÉXICO; FUERA MONSANTO!
Demandan a EPN por transgénicos
Organizaciones no Gubernamentales (ONG) presentaron una queja ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) contra el gobierno de Enrique Peña Nieto por violar el derecho a la alimentación, salud y medio ambiente al no hacer nada para evitar que empresas transnacionales siembren semillas de maíz transgénico en campos de cultivo de los estados de Tamaulipas y Sinaloa.
En la querella, que fue presentada el pasado viernes 22, los denunciantes invocaron a la obligación constitucional que somete los políticos a aplicar el principio precautorio.
Además, adujeron que autorizar la cultura de maíz modificado genéticamente viola el derecho a la alimentación, a un medio ambiente sano, a la salud y, por si fuera poco, ignora los derechos culturales.
En conferencia de prensa, las organizaciones civiles advirtieron que si el recurso de las medidas cautelares no próspera en la CNDH, recurrirán a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
En septiembre de 2012 las empresas transnacionales Monsanto, Pioneer y Dow Agrosciences solicitaron a la administración de Felipe Calderón seis permisos de liberación comercial de semillas de maíz, resistentes a insectos y tolerantes al herbicida glifosato, para aplicarlos en los estados de Tamaulipas y Sinaloa.
A través de su campaña “¡Que no decidan por ti!”, Greenpeace México, el Centro de Estudios Sociales y Culturales Antonio de Montesinos, Convergencia de Organismos Civiles, el Centro de Derechos Humanos “Fray Francisco de Vitoria, O.P.” y El Poder del Consumidor exhortaron a los ciudadanos a enviar cartas a la administración de Peña Nieto para que rechace las solicitudes. También los alentaron a presentar sus propias quejas ante la CNDH.
“Como consumidores es vulnerado nuestro derecho a elegir qué productos deseamos consumir, debido a que la legislación en materia de salud y de bioseguridad de organismos genéticamente modificados (OGM) no prevé su etiquetado”, dijo Aleira Lara, coordinadora de la campaña de Agricultura Sustentable y Transgénicos de Greenpeace en un comunicado de prensa.
El artículo 4 de la Constitución mexicana, ampliado por la Observación 12 del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, garantiza el derecho a una alimentación sin sustancias nocivas.
Lorena Velazco, de la Convergencia de Organismos Civiles, advirtió que hasta la fecha no existe ningún estudio independiente que haya comprobado la ausencia total de inocuidad a largo plazo del alto consumo de maíz cuyo genoma ha sido manipulado.
“Mientras no exista certeza de la inocuidad, está obligada la autoridad a no conceder esos permisos para proteger la salud, el medio ambiente y la alimentación de los mexicanos”, afirmó Ana María Salazar del Centro de Estudios Sociales y Culturales Antonio de Montesinos.
Salazar recordó que en México se consume en promedio 218 gramos de maíz por día y por persona en el campo y 155 gramos en un entorno urbano; y el propio Enrique Peña Nieto anunció el 4 de marzo que siete de cada diez tortillas del país se producen en Sinaloa. “México tiene alto consumo energético de este grano. El maíz transgénico en los Estados Unidos se destina al consumo animal. Estamos siendo conejillos de India para una población donde no existe estudios de consumo masivo de maíz transgénico”, planteó.
Velazco recordó que México es el centro de origen del maíz –al sumar 59 razas diferentes–, base de la cocina mexicana que la UNESCO reconoció en 2010 como Patrimonio Intangible de la Humanidad. Al aceptar el cultivo de semillas genéticamente modificadas, el gobierno mexicano daría un golpe al sistema milpa, el cultivo tradicional del maíz, además de favorecer el monocultivo frente a alternativas, lo que deterioraría la diversidad genética de este cereal, denunciaron las organizaciones.
Afectaría también al derecho a un medio ambiente sano, reveló Mará Colín, asesora legal de Greenpeace. Producirá malezas e insectos resistentes a las sustancias plaguicidas incorporadas al maíz y arriesgará generar “contaminación genética” irreversible de las razas nativas –como en Oaxaca en el 2001–, lo que “puede conllevar problemas de orden legal a los agricultores debido a los patentes sobre las semillas”, subrayó.
Otra herencia del calderonismo
El otorgamiento de permisos para comercializar maíz transgénico respondió a una voluntad previa de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), afirmó Ana María Salazar.
“Reformó su reglamento interior en noviembre de 2012. Antes señalaba que las opiniones científicas contrarias al otorgar ciertos permisos tenían carácter obligatorio. Tiene que aplicarse retroactividad: presentaron las solicitudes de permisos para comercialización de maíz transgénico en septiembre de 2012. Se debe aplicar el reglamento vigente en este momento”, precisó.
La administración actual desarrolla un “doble discurso” al incentivar la participación ciudadana por un lado, pero al ignorarla en los hechos, según Aleira Lara. “Estos otorgamientos estarían golpeando a nuestra soberanía alimentaria. Estarían dejando sin posibilidad de cultivar a sus propios alimentos a los campesinos en el país. El presidente habla de quitar poderes facticos del país, estaría reforzando a unos de los grupos más grandes a nivel global que es la industria alimentaría, que están patentando las semillas”, destacó.
En entrevista con Apro, Lara insistió en que los argumentos de Monsanto a favor de sus productos –aumentarían la productividad–, son mitos que se encargó de promover la propia industria. Afirmó que estudios en Estados Unidos, como el de la “unión de científicos preocupados” demuestran que los rendimientos son iguales, pero que las semillas transgénicas representan un costo suplementario para el campesino hasta diez veces superior a las normales. Además, dijo, las resistencias a los herbicidas e insecticidas provocaron un retroceso en las prácticas agrícolas, ya que hay que quitarles a mano.
“Nos preocupan dos cosas por parte de los funcionarios públicos. Una es la ignorancia del tema. Por otro lado, nos preocupa mucho el conflicto de interés que puede haber. Se han subido a puestos clave exempleados de la industria. En la administración pasada, Silvia Rojas trabajo en Pioneer y ocupo puesto en la Sagarpa, o Silvia Piña que trabajo en Agrobio, ocupó un puesto en la comisión intersecretarial de seguridad para los OGM. Actualmente, ocupa el puesto el doctor Bolívar Zapata que fungió como promovedor de los OGM cuando se elaboró la ley de bioseguridad en México”, lamentó Lara.
En la denuncia presentada en la CNDH, también están acusados los siguientes funcionarios:
El secretario de la Sagarpa, Enrique Martínez; los responsables del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica), Enrique Sánchez Cruz, Hugo Fragoso Sánchez y Francisco Javier Trujillo Arriaga; la secretaria de Salud, Mercedes Juan López; los funcionarios del Comisionado Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), Mikel Antioni Arriola Peñalosa y Rocío del Carmen Alatorre Eden-Wynter; de la secretaría del Medio Ambiente, Juan José Guerra Abud y Alfonso Flores Ramírez, y el secretario Ejecutivo de la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad de los Organismos Genéticamente Modificados (Cibiogem), Reginalo Arial Álvarez Morales.
Fuente: Apro
miércoles, 13 de noviembre de 2013
CONSECUENCIAS DE LOS TRANSGÉNICOS EN LA SALUD
Consecuencias de los transgénicos en la salud
Los alimentos
transgénicos, aquellos producidos a partir de un organismo modificado
genéticamente, no sólo tienen efectos ambientales, agrarios y socio económicos,
sino también sobre la salud de las personas, según alerta la organización
ecologista Greenpeace en su página web.
"Los riesgos sanitarios a largo
plazo de los OMG presentes en nuestra alimentación o en la de los animales
cuyos productos consumimos no se están evaluando correctamente", afirma
Greenpeace. "Hay informes científicos en los que se muestran evidencias de
riesgos a la salud: nuevas alergias, aparición de nuevos tóxicos y efectos
inesperados son algunos de los riesgos. Estos cultivos se han aprobado
basándose en la equivalencia sustancial, es decir la comparación de un OMG con
un equivalente no modificado genéticamente; si no se detecta una diferencia
significativa el OMG se declara seguro. Este concepto es muy criticado por gran
parte de la comunidad científica".
- La alteración o inestabilidad de los genes puede hacer que las plantas produzcan nuevas toxinas
- Las proteínas que produce el gen extraño puede ocasionar alergias o toxicidad
Principales efectos sobre la salud
Hasta el momento se ha constatado los siguientes efectos sobre la salud:
1. Aparición de nuevas alergias por
introducción de nuevas proteínas en los alimentos. En EEUU, en el conocido caso
del Maíz Starlink (2000) se encontraron en la cadena alimentaria trazas de un
maíz transgénico no autorizado para consumo humano que provocó graves problemas
de reacciones alérgicas.
2. Aparición de resistencias a
antibióticos en bacterias patógenas para el hombre (en algunos OMG se utilizan
genes antibióticos como marcadores). Es decir, algunos transgénicos pueden
transferir a las bacterias la resistencia a determinados antibióticos que se
utilizan para luchar contra enfermedades tanto humanas como animales (por
ejemplo, a la amoxicilina). La Asociación de Médicos Británica ha recomendado
prohibir el uso de estos genes marcadores.
3. Aparición de nuevos tóxicos en los
alimentos (debido a los cultivos Bt o a las proteínas que se utilizan como
marcadores en los OMG).
4. Incremento de la contaminación en
los alimentos por un mayor uso de productos químicos en la agricultura
5. Disminución en la capacidad de
fertilidad. Según un estudio hecho público por el gobierno austriaco, la
fertilidad de los ratones alimentados con maíz modificado genéticamente se vio
seriamente dañada, con una descendencia menor que los ratones alimentados con
maíz convencional.
Nuevo estudio realizado por
científicos franceses
Un nuevo informe elaborado por científicos franceses de las universidades de Caen y Rouen sobre tres variedades de maíz modificado genéticamente muestra claras evidencias de riesgos para la salud. Se trata del maíz MON 810, único cultivo transgénico aprobado en la UE, y otros dos maíces autorizados para su importación y para su entrada en alimentación humana y animal.
Un nuevo informe elaborado por científicos franceses de las universidades de Caen y Rouen sobre tres variedades de maíz modificado genéticamente muestra claras evidencias de riesgos para la salud. Se trata del maíz MON 810, único cultivo transgénico aprobado en la UE, y otros dos maíces autorizados para su importación y para su entrada en alimentación humana y animal.
El estudio se ha realizado a través
de ensayos realizados por la multinacional Monsanto, que comercializa los tres
maíces. El equipo científico examinó los datos de ensayos con ratas que se
presentaron para conseguir su autorización, que eran hasta ahora confidenciales
y han sido obtenidos en muchos casos por vía judicial. Según los autores, es la
primera vez que estos ensayos confidenciales que Monsanto ha presentado para
autorizar sus productos son revisados por investigadores independientes.
Los científicos han encontrado
evidencias claras de riesgos para la salud en parámetros sanguíneos asociados
con las funciones renales y hepáticas. Los cambios observados con los tres
maíces transgénicos siguen patrones típicos de disrupciones en el sistema
metabólico. El equipo también critica duramente la forma en la que los datos
fueron analizados por Monsanto, sin cumplir los estándares estadísticos
internacionales ni los estándares para ensayos alimentarios.
Los tres maíces tienen, sin embargo,
el visto bueno de las autoridades europeas, que han permitido su importación
para entrar en la alimentación humana y animal en Europa y uno de ellos, el
MON810, se cultiva sobre todo en España.
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